segunda-feira, 28 de novembro de 2016

El Ogro y la Tejedora- extracto del libro

Al despertar, el sol todavía estaba en la entrada de la cueva, ella lo miraba hasta que él aparece…se miran por algunos instantes. Djanira consigue acordarse ahora. Intenta con esfuerzo levantarse, pero todavía no consigue.
El ogro se acerca despacito, da una mirada en su pierna, la recoge en su regazo y la leva afuera de la cueva, ella siente el primer impacto de la luz en los ojos, y lo que ver le deja perpleja…aquello era el paraíso, árboles enormes, vertiente, pájaros ruidosos de todos los colores y especies imaginables y un olor riquísimo de frutas en el aire, lo que la hace recordar que tiene hambre. El monstruo la sienta cuidadosamente en una roca, coloca algunas frutas al alcance de sus manos y desaparece en el bosque. Por supuesto, que más tarde, regresa con un pato salvaje en remolque, no hablaba nada. Tal vez los ogros no hablan, pero en cambio Djanira no se contenía. Ella hablaba y hablaba:
_Gracias por cuidar de mí, creo que le di mucho trabajo. ¿Cómo se llama uste? Pienso que mis padres deben estar buscándome por todos los lados – mentía ella.

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